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Habrá Petróleo

Brasil y Argentina prometen transformar a América Latina en la nueva meca del oro negro. Barbara Vignaux

Habrá Petróleo

El nombre es feo: Vaca Muerta. Pero podría esconder cientos o quizá miles de millones de dólares en oro negro. Se trata de una formación geológica ubicada en la provincia de Neuquén, en el sur de Argentina, donde Repsol-YPF está apostando al shale oil o “petróleo de esquisto”. Para extraerlo hay que fragmentar las rocas que lo encierran inyectándoles agua y químicos, un proceso caro, pero que se ha vuelto atractivo dados los precios actuales del crudo. Según la compañía serían unos 150 millones de barriles de crudo, el hallazgo más importante de los últimos 20 años.

El anuncio es una muestra del gran potencial que aún encierra América Latina en recursos petroleros “no convencionales”. Hasta ahora el más conocido ha sido el petróleo extra pesado de Venezuela, producido a gran escala por grandes grupos privados como Total y Chevron, en conjunto con PDVSA. El subsuelo en Perú, Colombia y Ecuador también ocultaría estos aceites muy viscosos, pero aún no está comprobado.

¿Nuevo El Dorado?

Según un informe reciente de la Administración de Información Energética (AIE) de Estados Unidos (World Shale Gas Resources, An Inicial Assessment of 14 Regions Outside the United States) el gas “técnicamente recuperable” en América Latina alcanza 1.225 trillones de pies cúbicos (Tpc): cinco veces el volumen actual de los recursos gasíferos comprobados de la región y una sexta parte del total mundial de gas de esquisto.

Es maná. Pero se trata de una explotación compleja, técnica y económicamente, con una tasa de recuperación de aproximadamente 5%, un porcentaje muy menor al de 30% o 35% que rige en los yacimientos convencionales.

“Van a ayudar la experiencia ya acumulada en Estados Unidos en este tipo de explotación, la baja en los costos de la tecnología y el mantenimiento de los precios a un nivel elevado”, dice Christopher Gonçalves, vicepresidente de la consultora especializada estadounidense Charles River Associates. “Pero pueden pasar 5 a 10 años antes que la producción aumente de manera significativa”.

Para Alain Petitjean, gerente general de Total Gas y Electricidad en Argentina, “falta implementar un verdadero programa nacional de incentivo para su exploración y desarrollo, que podría hacer que Argentina sea para el gas lo que Brasil es para el petróleo.

Empresas pequeñas han ocupado el terreno dejado por las grandes.

Se refiere a los enormes yacimientos descubiertos en 2007 y conocidos como “pre-sal”: entre 8.100 millones y 9.600 millones de barriles de petróleo equivalente (o Gbep, una mezcla de gas y petróleo), cifra considerablemente superior a las reservas actuales de Ecuador, por ejemplo.

“Este hallazgo, imposible de imaginar hace diez años, ha suscitado mucha esperanza”, dice Pierre Terzian, director de la revista especializada Petrostrategies. Así, “América Latina aparece hoy como una de las zonas del mundo donde todo es posible”.

Pero hay un detalle: el petróleo se encuentra a 5.000 metros de profundidad en el mar y tapado por una capa de sal de hasta 2.500 metros de espesor. El primer pozo en el campo de Tupi costó la bagatela de US$ 280 millones, subraya Yves Mathieu, un geólogo que trabajó años para el Instituto Francés del Petróleo: “No hay más de diez empresas en el mundo capaces de actuar en semejante entorno” de costos.

Si lo logra, Brasil podría volverse autosuficiente a nivel energético dentro de siete u ocho años, o incluso una suerte de Arabia Saudita sudamericana, como sueñan algunos. La producción de Petrobras alcanzaría unos 5 Mbep por día en 2020, de los cuales 1 Mbep/d saldría del pre-sal.

La actual expansión del canal de Panamá permitirá, a partir de 2015, exportar no sólo desde Brasil, sino de toda la fachada Atlántica, para saciar la sed asiática de hidrocarburos. “Todos los grandes grupos internacionales hacen cola para participar en la aventura del pre-sal”, comenta un ejecutivo del sector.

“En general la explotación no convencional es un juego de grandes: compañías petroleras nacionales e internacionales y también los chinos, que son los únicos que aceptan asumir riesgos tan elevados”, dice el consultor independiente Arturo Vilas.

Sin embargo, queda bastante lugar para nuevos jugadores. “Es muy probable que aparezcan actores independientes en los pequeños yacimientos que Petrobras dejará de lado para concentrarse en el área presalina”, comenta Terzian.

Se refiere a empresas de tamaño modesto, nacidas durante la década pasada gracias al elevado precio del petróleo y que ocuparon el terreno dejado por los grandes operadores. Su capitalización bursátil no supera los US$ 3.000 millones y a menudo están inscritas en las Bolsas de Canadá, Inglaterra, Noruega o Estados Unidos.

Un ejemplo es Pacific Rubiales Energy. Con un personal mayoritariamente venezolano e inversiones canadienses, es activa en campos convencionales de Colombia. Otro es Eike Batista, cuya empresa OGX no existía hace cuatro años. Su gerente de Exploración, el “ex” de Petrobras Paulo Mendonça, tiene el objetivo de superar el millón de barriles diarios en 2020, el doble de la argentina YPF. Lo interesante es que OGX optó por una explotación absolutamente convencional onshore y en el mar poco profundo de Brasil.

Pero el paraíso de las júniors en América Latina es Argentina. “Con mucho esfuerzo, pero poco capital: de US$ 1,5 millón a US$ 3 millones por pozo, ahí es fácil multiplicar por dos la producción en un campo maduro”, explica Vilas.

Para el experto, “las júniors no se van a dedicar a la explotación no convencional, salvo tal vez el tight gas –depósitos poco porosos y permeables que contienen gas–, cuya explotación es técnicamente menos arriesgada y costosa que la del gas de esquisto”.

Al contrario, Gonçalves considera que sí tendrán espacio en el “shale”. “En Estados Unidos la revolución del gas de esquisto ha sido liderada por pequeñas empresas”, dice.

Entre los candidatos a la exploración del recurso en Argentina se encuentran tanto ExxonMobil como la más pequeña y joven estadounidense EOG Resources. ¿Cuál de las dos se impondrá? No importa demasiado: habría petróleo para todos.