De espaldas al mito
El sistema universitario peruano ha estado dominado por creencias y leyendas con poca información verificable para decidir el futuro profesional. A continuación, el segundo ránking que mide la calidad de la oferta de las 30 principales entidades en el Perú. Y, ojo, que esta vez la investigación entra al ruedo.
En 1551 Sudamérica vio nacer su primera casa de estudios superiores. Fue en lo que es hoy territorio peruano; la Universidad de San Marcos fue creada como rectora de todo el quehacer educacional de la región. Hoy, 460 años después, el Perú no destaca internacionalmente por su actividad universitaria, en parte, porque no ha logrado cuajar un sistema coherente y transparente que muestre la oferta de calidad de los distintos actores que lo componen.
Sin embargo, por segundo año consecutivo, AméricaEconomía despliega una investigación encaminada justamente a generar la mayor cantidad de datos comparables sobre la gestión de las universidades peruanas, de modo que los estudiantes y la sociedad en general tengan una visión de conjunto en torno a estas organizaciones claves para el desarrollo de las sociedades contemporáneas, y no basada exclusivamente en el prestigio parcial de las carreras que cada una de ellas imparte, como sucede hasta estos momentos.
Este es un año de novedades. De partida, incluimos 15 universidades más al ránking, con lo que generamos información comparable para 30 casas de estudios, no solo en Lima, sino también en las principales ciudades de fuera de la capital (Piura, Arequipa, Cusco, Puno, Trujillo, Ica, Chiclayo, Huancayo y Tacna). Un conjunto relevante, que se acerca cada vez más al objetivo de tener una panorámica completa de la oferta en educación superior del país, a lo que llegaremos una vez que los actores del sistema se animen a compartir sus datos. Se trata entonces de las 30 universidades peruanas que aparecen en el índice internacional de Simago Institution ránkings (SIR), el que mide la actividad investigativa de las universidades a lo ancho del planeta.
No es casual haber optado por la investigación como línea de corte para incluir universidades al ránking. Justamente este es uno de los nuevos índices incluidos en la metodología de investigación de este año, el que pretende abrir la evaluación del quehacer universitario desde la sola actividad docente, hacia la actividad académica propiamente tal, cuya sangre es la generación de conocimiento propio. Un componente esencial de la oferta de calidad de las universidades, el que ha estado sumergido dado un sistema en el que el mercado se basa solamente en la percepción de la calidad de la formación en las aulas, y sesgada por la simple comparación por carreras.
A investigar
Sin embargo, en el Perú, las universidades que tienen la investigación en el corazón de su quehacer se cuentan con los dedos de las manos. Es el caso de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), tercera en el ránking general y primera en el indicador de investigación, cuya Dirección de Investigación, Ciencia y Tecnología recibe aproximadamente un 30% del presupuesto anual para promover sus programas y proyectos de investigación, fundamentalmente en las áreas de medicina y ciencias de la vida.
El prestigio es un factor determinante, pues equivale a la percepción general de las casas de estudio.
“Es cierto que la investigación ha sido descuidada en el Perú, ejemplo de ello es que el gasto en este ámbito solo llega al 0,14% del PIB”, dice María Rivera, la directora de esta área en la UPCH. Sin embargo, para ella, el panorama es auspicioso. “Actualmente se habla de ciencia y tecnología más allá de los circuitos académicos y comienza a ser un tema del país”. Según Rivera, la expectación está sembrada en parte porque en la reciente campaña presidencial, el actual mandatario, Ollanta Humala, prometió elevar ese gasto al menos al 0,7%. “Sería fabuloso”, indica Rivera.
Fabuloso para Rivera, pero no solamente porque así probablemente aumentarían los recursos de su dirección, los que hoy se obtienen a partir de concursos ante el Concytec, vale sobre todo ante organismos internacionales, sino porque, según ella, de tal modo “se visibilizará más el rol de la universidad más allá de su función docente”.
En tal sentido, la UPCH en el último tiempo se ha aproximado al sector privado, para generar el conocimiento que este requiere. “No ha sido fácil comprendernos mutuamente y tenemos que aprender varios aspectos, como temas acerca de la propiedad intelectual de los avances y las patentes; sin embargo, es un camino que iniciamos decididamente”, apunta Rivera.
Al menos la UPCH es una de las cinco universidades que componen la Red IDi, un esfuerzo mancomunado creado en 2007 para promover la I+D e innovación junto con los privados de la propia Cayetano Heredia y de las universidades Católica del Perú (1º), San Marcos (2º), Nacional de Ingeniería (6º) y Nacional Agraria La Molina (8º).
El gasto en I+D en el país llega al 0,14% del PIB. Bajo nivel del que las universidades son parte responsable
En el caso de la Universidad de San Marcos (segunda en el indicador de investigación), pese a que este aspecto del quehacer universitario recibe solo el 6% del presupuesto, la actividad de innovación está presente en la totalidad de sus 20 facultades y fuera de Lima, tanto en la costa como en la sierra y la selva. “Tenemos 31 institutos que producen investigación, en los ámbitos de la salud, las ingenierías, las humanidades e incluso las artes”, dice Bernardino Ramírez, el vicerrector académico de la más tradicional de las universidades del hemisferio suramericano.
“El compromiso con la investigación se muestra en que la universidad creó hace poco esta vicerrectoría, reemplazando la antigua de administración”, dice Ramírez. Esto, teniendo como orientación general el aumento de “la investigación con resultados”, es decir, aquella que tenga impacto y aplicación en el mundo productivo.
“El vínculo con el sector privado ha sido esporádico a decir verdad, pero cada vez estamos más cerca”, dice Ramírez. “Ha sido un trabajo de largo aliento”.
¿Por qué la investigación aportaría valor a la oferta docente (y por lo tanto es un indicador válido para un ránking que pretende también orientar a los estudiantes y sus padres)? Pues porque en estos ejercicios los académicos adquieren grados de excelencia, se actualizan en sus parcelas de saber y terminan transfiriendo conocimiento nuevo en las aulas.
Se trata, entonces, de un modelo de calidad universitaria que va más allá de la simple oferta docente, que considera las complejidades de casas de estudio que apuestan más que a dictar clases.
Un modelo para armar
A este componente de investigación (que pondera 25% del indicador final), se suman otros cuatro índices que buscan dar cuenta del quehacer de las universidades investigadas, cada cual apuntando a un área crítica de desempeño.
Así, el índice empleabilidad (25%) busca comprender, por un lado, la eficiencia en la inserción en el mercado laboral de los estudiantes de cada plantel, así como la calidad misma de su estudiantado, pues suponemos que los profesionales más requeridos, de algún modo, fueron también los mejores alumnos. Este índice, clave para evaluar quiénes pueden ser los compañeros de los postulantes y las probabilidades de encontrar un buen trabajo tras el egreso, fue elaborado a partir de la consulta metódica a más de 100 empresas intensivas en la captura de profesionales en amplios rangos del saber universitario, 75 reclutadores de firmas presentes en gran parte del territorio peruano y con dedicación a un amplio espectro de tipos de profesionales, y a nuestra comunidad de ejecutivos asociados a AméricaEconomía Perú.
Además de los tres primeros lugares del ránking general, destacan en este aspecto las universidades Del Pacífico (4º), De Lima (5º) y Nacional de Ingeniería (6º), las que cuentan con muy buena aceptación por parte del mercado laboral.
Otro aspecto ineludible para hablar de calidad de una universidad en cualquier parte del mundo es que esta tenga los suficientes vínculos internacionales como para estar conectada al último conocimiento. Así, el índice de internacionalización (15%) este año fue complementado, además de las consultas de percepción a empresas, reclutadores y ejecutivos, por una investigación en torno a los principales convenios internacionales públicos de cada una de estas casas de estudio. Como para no sorprenderse, las universidades más tradicionales del Perú son las más internacionales, destacando particularmente las dos primeras del ránking general, que se escapan por varios puntos del resto.
La oferta de valor de una carrera puede ser superior a la de la organización.
El tamaño sí importa (un 10% para ser exactos), pues habla también del manejo que estas universidades tienen de realidades más complejas, en la medida en que incluyen no solo más alumnos, profesores, salas y metros cuadrados, sino también la cantidad de carreras y programas que desarrollan, siendo también este un factor que permite aproximarnos al impacto en la sociedad que tiene el quehacer de cada plantel. Sin duda, esta dimensión permite competir en este ránking a las universidades públicas, las que tienen el mismo deber de formar estudiantes, investigar, internacionalizarse, etc., con una más pesada carga.
Finalmente, el prestigio (25%) sigue siendo un factor determinante para un modelo de calidad, pues este equivale a la síntesis en la percepción del quehacer general de las distintas casas de estudio. Medido también a través de consultas a empresas, reclutadores y ejecutivos, importantes stakeholders del ámbito de la educación superior inclinados hacia el mundo pragmático del saber/hacer. Visto así, la mayor cantidad de valor de representación lo tienen la Universidad Católica y la Universidad del Pacífico, muy por encima de cualquier otra casa de estudio.
La carrera es la carrera
Más allá de la calidad general de las universidades, siempre será importante en los procesos de decisión de los estudiantes y sus padres la oferta de valor particular que estas casas de estudio entreguen a cada una de sus carreras, pues se pierde mucho con ser muy bueno en lo general, pero muy débil en ciertas áreas del saber. Visto de otra manera, comparar por carreras también permite observar los focos de especialización y de esfuerzos de cada plantel, donde la oferta de valor particular de una carrera puede ser superior a la de la organización en términos generales. Es el caso de la Universidad de San Martín de Porres, que si bien está en el top 10 a nivel general, en las carreras humanistas de Derecho y Comunicaciones, ocupa el 3º puesto. Un hallazgo, dado también a que este año por primera vez incluimos la carrera de Comunicaciones, junto con la de Ingeniería en Sistemas, las dos debutantes.
Por eso –además de incluir preguntas sobre carreras en nuestras encuestas a empresas, reclutadores y ejecutivos que hicimos para averiguar percepciones generales– incluimos algunas consultas complementarias a entidades más estrechamente ligadas al quehacer de algunas carreras, como Derecho, donde extendimos las consultas a reputados bufetes con presencia nacional o en Medicina, donde hicimos lo mismo, pero con los hospitales y clínicas.
por: AméricaEconomía Intelligence
