En la medida que un hospital o clínica aumenta la cantidad de sus pacientes, operaciones, especialidades y cantidad de exámenes, o bien incluye unidades tales como la de Urgencias o Neonatología, su andar se hace más complejo. En términos prácticos esto implica que debe redoblar sus esfuerzos para mantener sus estándares generales de calidad. Por eso se incluyó la dimensión de ‘’capacidad’’ en este estudio, la que de alguna manera permite ponderar la complejidad de estas instituciones. Y es que una clínica que logra mantener un buen nivel, con mayor complejidad, es porque sus procesos son mejores que los del resto.
También se midió la capacidad de atención de los hospitales, calculando tasas entre, por ejemplo, cantidad de médicos y egresos (pacientes), así como la relación entre enfermeras y egresos. También se incluyó una serie de servicios extra que proveen los hospitales -su hotelería-, lo que también da cuenta de su capacidad de generar confort, tanto en pacientes como acompañantes. Un factor no menor en el contexto del turismo médico.
Otra dimensión fundamental de la calidad hospitalaria es la que está relacionada con la gestión del conocimiento. Y es que la medicina es una ciencia que avanza a gran velocidad, que extiende sus fronteras permanentemente. Esto obliga a los hospitales y clínicas a actualizarse constantemente. Y no sólo eso: muchos de los avances médicos, tanto a nivel de diagnósticos como terapias, surgen desde entidades hospitalarias. Por ello esta dimensión evalúa los aportes del conocimiento que cada hospital o clínica realiza (de acuerdo al criterio de papers ISI), así como la existencia de herramientas y medios de difusión y actualización de conocimientos para su personal.
Por ejemplo, se consultó por la cantidad de títulos y suscripciones a revistas especializadas que poseen las bibliotecas de los hospitales, siendo 1.664 el promedio de títulos por biblioteca y 1.022 el promedio de suscripciones, considerando los mejores 20 hospitales y clínicas. Pero no es lo común. En la región abundan las instituciones de salud que carecen de bibliotecas o de herramientas de actualización de conocimientos. Durante nuestra investigación descubrimos algunos que ni siquiera tienen correo electrónico o internet para sus directivos y profesionales, los que usan servidores gratuitos tales como hotmail, gmail y/o yahoo.