Ves Gitchev no se había graduado como médico cuando se percató de que ejercer la profesión en EE.UU. no era un buen negocio. Notó que los costos de llevar una práctica eran demasiado altos y la remuneración proveniente de las compañías de seguros, demasiado baja, combinación que garantizaba un largo trecho antes de alcanzar el estilo de vida que deseaba. De modo que, pese a los sacrificios realizados para estudiar medicina, Gitchev hoy en día no trata a ningún paciente desde sus oficinas en Miami. Lo que sí hace es facilitar que cientos de ellos vean doctores en América Latina.
Y al igual que Gitchev, son cientos los profesionales y las empresas que se han volcado a facilitar el turismo médico desde EE.UU., industria que aún se encuentra en pañales, pero que ha registrado un crecimiento explosivo y que en pocos años moverá decenas de miles de millones de dólares, buena parte de ello hacia América Latina.
Gitchev, un búlgaro entrenado en Atlanta y en República Dominicana, dice que si los altos costos son el mal que padece el sistema médico de EE.UU., los hospitales de América Latina y de otras regiones se vislumbran como la cura, especialmente para pacientes no asegurados o sub asegurados, muchos de los cuales están obligados a pagar decenas de miles de dólares de su propio bolsillo por procedimientos que en América Latina son realizados por hasta un 80% menos.
“La gente comenzó a ver la tendencia como una alternativa personal ante la profunda crisis médica que sufre EE.UU. Puede que el turismo médico no sea una solución a largo plazo a la crisis, pero sirve de válvula de escape porque permite a las personas recibir atención médica a la que no tienen acceso en este país”, dice Gitchev, director ejecutivo de Worldwide Medical Partners, una de las múltiples empresas que han surgido en Estados Unidos y que comienzan a ser conocidas en la nación como “facilitadoras” del turismo médico.
El vapor que está fluyendo a través de esa válvula de escape no es nada nebuloso. Renee-Marie Stephano, presidenta de la Asociación de Turismo Médico de EE.UU., dice que más de 1,6 millón de estadounidenses viajarán al exterior el próximo año para tratarse alguna condición médica. “Ese número es el total para todo el mundo”, admite Stephano. “Pero la mayoría de los pacientes está viajando hacia América Latina”.
Actualmente, la región ya está recibiendo al año varios miles de millones de dólares, pero eso es sólo el comienzo de lo que podría llegar a ser un gigantesco negocio para América Latina. Según cálculos de la asociación, el turismo médico en general tiene previsto crecer exponencialmente a lo largo de la próxima década, generando inmensos ingresos para las empresas que se monten sobre la ola. “Unos 23 millones de estadounidenses estarán viajando al exterior para el año 2017, y gastando hasta US$ 79.500 millones al año, y la mitad de ese monto podría ir hacia América Latina”, dice Jonathan Edelheit, presidente ejecutivo de la asociación.
Una porción de ese total quedaría en manos de las empresas “facilitadoras”, que son precisamente las que sirven de matchmakers entre el paciente, el hospital y centro médico adecuado para atender sus necesidades.
Patrick Marsek, director general de MedRetreat, dice que facilitadoras como la suya son las encargadas de cerciorarse de que los médicos y los hospitales a ser visitados estén capacitados para atender las necesidades de los pacientes, muchos de los cuales muestran una inicial y entendible renuencia a viajar fuera del primer mundo para tratar sus dolencias.
Esa resistencia inicial, no obstante, comienza a desaparecer cuando el facilitador demuestra que ha realizado la investigación correcta de los diferentes centros para cerciorarse de que brindan un servicio de alta calidad y que son muchos los doctores en la región que están altamente capacitados para atenderles, brindando un servicio incluso mejor de lo que obtendrían en EE.UU.
De hecho, fue el conocimiento de la alta calidad de la medicina en el exterior lo que le motivó a entrar en el negocio. “Vi un nicho en el mercado”, dice Marsek. “Sabía que la generación ‘babyboomer’ estaba envejeciendo y que necesitarían atención médica. Sabía que el mercado de las personas sin adecuada cobertura médica estaba creciendo, en ese momento era de unos 40 millones y actualmente está en el orden de los 47 y los 48 millones, y simplemente vi la oportunidad, porque la gente se iba a ver obligada a hacer esto de todas maneras, así que por qué no fundar una compañía que elaborara el proceso y los sistemas para que estas personas puedan hacerlo de una manera segura”.
El proceso al que Marsek se refiere es el de asegurarse de que los pacientes reciban un tratamiento de alta calidad; también contempla los demás detalles del viaje, desde los pasajes de avión hasta las reservaciones de hotel, la adquisición de medicamentos especiales o cualquier tipo de insumo que el paciente pueda necesitar. A cambio de esto, la empresa normalmente se queda con una pequeña tajada del costo total a ser pagado por el paciente.
Los hospitales latinoamericanos también se han dado cuenta de la misma tendencia. Isabella Stump, portavoz del hospital Alemão Oswaldo Cruz de São Paulo, dice que el centro médico recibe unas 1.000 personas al año desde el exterior, muchas de las cuales son brasileños que residen en EE.UU.
“El número de pacientes provenientes del exterior ha crecido aceleradamente en los últimos años, especialmente para procedimientos estéticos”, dice Stump. “Hemos notado que debido a los crecientes precios que son cobrados por estos procedimientos en EE.UU., muchos pacientes buscan centros capaces de realizar los procedimientos con una alta calidad, pero por montos mucho más bajos”.
Esa tendencia ha mostrado ser lo suficientemente interesante para el hospital como para comenzar la construcción de un nuevo edificio que abrirá sus puertas en 2014, realizar gestiones para recibir la acreditación de organismos que supervisan la calidad de los servicios en EE.UU. como la Joint Commission International, e ingresar a la Asociación de Turismo Médico de EE.UU., al igual que modificar los procedimientos administrativos y contratar personal bilingüe para atender su nueva clientela.
Pero no todo el mundo está abordando el tren con la misma rapidez. Las grandes empresas de seguros estadounidenses han estado observando la tendencia con mucha atención, pero hasta ahora se han mostrado renuentes en ofrecer pólizas que cubran la cuenta de ir al exterior.
La compañía de seguros médicos Aetna, por ejemplo, no cubre los procedimientos en el exterior. Christine Erb, portavoz de la compañía, dijo que la empresa sólo cuenta con un programa piloto con una compañía que les brinda a sus empleados una opción de recibir tratamiento para ciertos procedimientos ortopédicos en el exterior.
La renuencia de la compañía de seguros es motivada por diferentes factores, pero principalmente se debe a temores de lo que podría pasar en el caso de que se produzca algún problema durante el procedimiento, ya que la mayoría de los doctores de la región no cuentan con una póliza de seguros que los proteja en caso de alguna demanda por mala praxis.
La situación es totalmente diferente en EE.UU. donde todo doctor es obligado a contar con ese tipo de cobertura. Pero son precisamente los elevados costos de tenerla, cuyas tarifas varían entre los US$ 150.000 y US$ 200.000 por doctor al año, uno de los principales factores que están provocando la crisis médica del país y que bloquean el acceso a la atención médica a los millones de personas que no cuentan con una póliza de seguro médico.
También, según Gitchev, de Worldwide Medical Partners, es una de las razones por las cuales es posible recibir una mejor atención médica en América Latina que en EE.UU.
“Con las tarifas que pagan, los doctores están presionados para atender entre 30 y 50 pacientes al día para cubrir sus costos. Y si el paciente sólo puede ver al doctor un par de veces antes de que lo lleve al quirófano, ¿qué nos dice eso de la calidad del servicio que están recibiendo?”, pregunta.