Tequila Valley

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En los últimos años la Ciudad de México se ha convertido en uno de los centros del emprendedurismo tecnológico más importantes de la región.
Camilo Olarte Cortés en Ciudad de México

Entre proyectiles de plástico que vuelan por el aire, más de tres docenas de emprendedores de toda Latinoamérica trabajan sin inmutarse. Dos de ellos han decidido iniciar una guerra con pistolas de juguete. Un bulldog francés y otro perro de raza indefinida comparten la sombra de uno de los escritorios y duermen a pierna suelta. May Alba, una atractiva chica de 27 años, de León Guanajuato, envuelve cuidadosamente unos condones en un sobre de mensajería. A su lado, un argentino de la misma edad manipula algo parecido a un dron. Esta oficina, que no parece oficina, es la sede de 500 startups, uno de los fondos de capital de riesgo y aceleradora de empresas más activos del mundo.

El único que parece superar los 30 años se llama César Salazar. Este emprendedor precoz creó con su socio Santiago Zavala su primera empresa a los 17 años: una desarrolladora de sitios web. Hoy es venture partner de 500 startups. La revista Expansión lo acaba de seleccionar como uno de los 30 líderes mexicanos de menos de 30 años.

En una zona comprendida principalmente por las colonias Roma y Condesa, cerca del centro de la Ciudad de México, se concentran muchas de las startups latinoamericanas, las empresas protagonistas de una revolución digital que está convirtiendo al DF en el Silicon Valley de Latinoamérica, o como ya le empiezan a decir algunos: el Tequila Valley. ¿Sus atributos? La cercanía con Estados Unidos, un mercado propio de 45 millones de internautas, estabilidad económica, un sistema financiero un poco más maduro que el resto de los países, una muy buena infraestructura de telecomunicaciones, gran cantidad de universidades y más de 102.000 millonarios, algunos dispuestosa invertir.

ASÍ EMPEZÓ

A principios del milenio, Brasil, Chile y sobre todo Argentina vivían una eclosión de emprendedores tecnológicos, con casos de éxito como Mercadolibre y otros de fracaso como Patagon. México estaba rezagado, pero desde 2005 empezó a recuperarse a pasos agigantados.

Techba, un programa de aceleración de startups, cambió la visión de muchas empresas. El programa de la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (Fumec), y financiado por la Secretaría de Economía, pretende desde esa fecha impulsar a las pequeñas y medianas empresas enfocadas en la tecnología. En 2005 empezó a llevar compañías a Silicon Valley para impulsar su aceleración. “Me tocó vivir esa transición en que las empresas mexicanas empiezan a ampliar su visión local a una global”, dice Salazar.

En 2008 Salazar trabajaba para una empresa de software que lo llevó a conocer Silicon Valley. Aquello resultó ser un viaje iniciático. “Creí que iba a encontrar mucha infraestructura, las mejores redes de fibra óptica, los mejores servidores, edificios inteligentes, y no me encontré con nada de eso”, recuerda. En vez de eso encontró talento y una forma de trabajar en comunidad. “Eso fue lo que traté de traer acá.”

A su regresó, decidió organizar una serie de eventos para emprendedores, tratando de formar un ecosistema de innovación, como él mismo lo llama. “Nos empezamos a dar cuenta del gran talento que había en el país y la falta de conexión entre la comunidad. Entonces empezamos a hacer viajes en los que llevábamos desarrolladores a Silicon Valley y a Nueva York, o traíamos gente de allá.”

Los hackathons eran eventos de un día en que la gente llegaba y desarrollaba algo. Hoy hay decenas de estos eventos similares, muchos independientes y muchos sin ánimo de lucro. Algunos ejemplos son Startup Drinks, FuckUp Nights, Cumbre Endeavor o Startup Weekend; y existen otros financiados por grandes empresas, como el campus party de Telefónica o Aldea Digital de Telmex.

El Startup Weekend, uno de los más interesantes, es un evento que dura de viernes a domingo. Los participantes se alían para desarrollar un producto y el último día se elige al ganador. El primer evento se celebró en México en 2011 y ahora se organizan más de 50 en todo el país. “Jugamos un papel fundamental para crear emprendedores”, resume Gustavo Álvarez, coordinador de la oficina en el país.

En algo que coinciden todos los emprendedores es que el papel de un grupo de divulgadores, entre ellos tuiteros y bloggeros, fue esencial para el desarrollo de lo que hoy está pasando.

Ophelia Pastrana, una física colombiana con maestría en econometría, es la cofundadora de la comunidad más grande de tecnólogos de México, el “Tequila Valley”, y además es socia en Kraken Comunicación, una agencia que se encarga de dirigir estrategias de difusión y marketing digital; además de ser profesora de Estrategias de Negocio en Redes Sociales en el Tecnológico de Monterrey.

El Tequila Valley inicialmente era una iniciativa que reunía los domingos a grupos de 50 o 60 personas para tomar café y hablar de tecnología. “Ellos fueron muy importantes para dispersar el mensaje e hicieron que todo lo demás creciera”, explica Salazar.

Por medio de ellos se empezaron a acercar las grandes marcas como Telcel, Coca-Cola, Telmex, Procter and Gamble, y gracias a ese acercamiento muchas de estas empresas mudaron parte de su publicidad al mundo digital. “Hoy el mercado de los anuncios digitales es de US$ 900 millones y crece a una velocidad de más de US$ 100 millones anuales. En el 2008 era un mercado de apenas US$ 200 millones”, explica Ophelia Pastrana.

De la mano de estas iniciativas llegaron también los coworking spaces, unos espacios de trabajo muy comunes en Silicon Valley que funcionan para desarrollar proyectos profesionales de manera independiente, a la vez que se fomenta el trabajo en comunidad. En la Ciudad de México hay varios: Central, The Pool e Impact Hub. Cada uno puede reunir a unas 30 a 70 personas trabajando en el mismo espacio.

Pese al ruido provocado, pronto las startups mexicanas se estrellaron contra la realidad: la falta de financiamiento. La figura del capital de riesgo prácticamente no existía, pero aparecieron sujetos como César Salazar con los primeros fondos de capital semilla, como Mexican VC, hoy parte de 500 Startups.

“No queríamos volvernos un fondo de inversión, pero no encontramos a nadie que lo quisiera hacer”, afirma Salazar. “Así que levantamos un fondo muy pequeño para invertir en siete compañías. De una forma muy ingenua creímos que iba a ser muy fácil”.

El ecosistema comenzó a poblarse. Hoy hay más de 10 fondos de capital emprendedor dedicados a impulsar ideas mexicanas y más de 45 de capital privado, que mueven unos US$ 8.500 millones al año, según datos de la Secretaría de Economía. Están Investomex, Venture Institute, Wayra, Venture Partners, Alta Ventures, Naranya, Angel Ventures, entre otros.

El gobierno de Peña Nieto creó en 2013 el Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), que dirige Enrique Jacob. Su intención era fusionar más de 40 programas dispersos por todo el país. El instituto cuenta ahora con un presupuesto de US$ 650 millones. A pesar de lo interesante que pueda parecer, el programa todavía no arranca realmente. Los parques tecnológicos que ha edificado en las ciudades (más de 15) en su mayoría permanecen casi sin uso.

“Si no armas un programa integral de desarrollo de comunidad que esté liderado por el emprendedor, no va a funcionar”, explica Salazar. “No están teniendo en cuenta las comunidades de mentoring, los coworking spaces y el acceso a capital. Ésa es la parte que el gobierno no entiende. El gobierno piensa en términos de infraestructura.”

Lo que sí está adquiriendo masa crítica es la Ciudad de México, donde la mayoría de las empresas están ubicadas en las gentrificadas colonias de Roma y Condesa. “Si armas un parque tecnológico en medio de un parque industrial, donde te tienes que mover en auto una hora y media para llegar, no hay vida de comunidad, de café, de la mascota, que aunque parezca ridículo son variables esenciales en este negocio”, explica Salazar. “En Argentina pasa lo mismo, no es Buenos Aires el hub tecnológico, es Palermo.”

Además de estas razones está la cultura. “Lo mismo que mueve la informalidad mueve muchas cosas más en la economía de la ciudad”, explica Ophelia Pastrana. El mexicano es emprendedor, 6,3% de los jóvenes entre 18 y 24 años son dueños de empresas, y en el país se crean al mes unas 35.000 pequeñas y medianas compañías, según información la Secretaría de Economía. “Hay una cultura en que la gente está acostumbrada a rascarse con sus propias uñas”, explica Layda Zambrano, socióloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

STARTUPS DEL MAÑANA

Sin embargo, el Tequila Valley tiene todavía mucho camino por recorrer. Javier Matuk, el editor del portal tecnológico unocero.com y una de las voces más escuchadas en estos temas, es de los que no creen tanto en el presente brillante que muchos le dan a la Ciudad de México. “La mayoría de las empresas no tienen un enfoque global. Culturalmente somos emprendedores digitales, pero no existe una estructura educativa”, afirma.

Algunas de las empresas más exitosas han encontrado nichos nuevos. May Alba y su hermano son los dueños de Rubberit, una empresa que distribuye condones por suscripción, y que además lleva en paralelo una iniciativa filantrópica. Con tan sólo dos años de existencia, ya tienen 15.000 suscriptores y está facturando casi US$ 300.000 dólares mensuales. Desde el tercer mes de existencia presentó números negros. Con oficinas en León y el DF, distribuye a seis países de la región.

Es imposible calcular cuántas startups existen: todos los días aparecen y desaparecen varias. El gran éxito, la startup que termine de demostrar que México es el centro de Latinoamérica para el emprendedurismo tecnológico, todavía no llega, pero dos empresas parecen estar cerca: Clip, una empresa que tiene un software y hardware para aceptar pagos con tarjeta de crédito desde un smartphones y Yaxi, la empresa que ha logrado mejorar el servicio de taxis en toda la ciudad y que además incrementó en un 30 % las ventas de los taxistas.

“Todos esperamos un gran caso de éxito, esperamos que llegue una empresa que se convierta en el Google de México, ese día será más fácil crecer”, explica Manolo Díaz, uno de los dueños de Yogome, un exitoso  desarrollador de juegos infantiles para móviles con oficinas en California y la Ciudad de México. Salazar es optimista y está convencido de que lo que hoy se ve no es ni la punta del iceberg. “Espero en unos 15 o 20 años poder decir lo logramos”, finaliza.

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