El futuro de la salud en América Latina

La supervivencia está en la armonización y colaboración público/privada
Jorge Cortés Rodríguez
Jorge Cortés Rodríguez
Director médico, Hospital Clínica Bíblica, San José, Costa Rica

Nos ha correspondido una coyuntura probablemente nunca antes vista en la historia de nuestra América Latina: por un lado la generación de los boomers se encuentra en su plena etapa de producción, implementando sus sueños, su manera de pensar al mundo y su necesidad de dejar su impronta histórica. Por otro lado, están la globalización y un mundo con economías más abiertas y productivas dentro de un contexto político que pareciera más maduro.
La medicina no escapa a ese cambio. Nuestro entorno empieza a considerar y a experimentar cambios en la prestación de los servicios médicos, sea con una mayor especialización clínica, sea con una mayor capacitación e intervención profesional en la gestión de los recursos de salud (considerando los condicionantes históricos, heredados del siglo pasado, tales como la inclusión, solidaridad y protección a los sectores vulnerables), pero con una visión cada vez más compleja y eficiente.
Las nuevas tendencias en la salud de nuestra región incluirán la innovación, la tecnología y los cambios en el estilo de vida necesarios para estar a la vanguardia del conocimiento médico. Pero también se deberán enfrentar con estoicismo los costos incrementales de la salud y hacer malabarismos para conjugar la eficiencia y modernidad con excelencia en la gestión.
Este punto es fundamental. Los modelos de prestación de servicios que se han utilizado en nuestros países adolecen no sólo de un sentido de urgencia, sino de oportunidad y necesidades históricas. Los diferentes modelos y conceptos que se tienen pasan del brutal centralismo a la anarquía y atomización del modelo privado y viceversa. Esto aunado a un déficit cada vez mayor en la capacidad de gestión, que no es más que el reflejo de una ausencia de un norte estratégico que permita dirigir consensuadamente la escasez de recursos para salud en nuestras sociedades.
Una clara definición de este modelo es esencial para responder con eficiencia y calidad los retos de la sostenibilidad del sistema.
El ideal de modelo debe mantener principios de cobertura, acceso, equidad en la atención, aunados a eficiencia operativa y sobre todo sostenibilidad.
El “intangible salud” tiene muchísimas connotaciones y necesidades que lo hacen particular. Siendo un servicio en sí, reviste en nuestra sociedad un simbolismo e importancia que van ligados no sólo a nuestras necesidades físicas, sino a nuestras expectativas y necesidades históricas.
La gestión debe ser eficaz y eficiente, pero no por ello ser descarnada y fría. Dentro de dicha eficiencia debemos considerar las creencias y necesidades de nuestra gente y su particular manera de ver al mundo. De igual manera debe iniciarse un cambio en la percepción de la prestación de dicho servicio por parte de los funcionarios de salud a efecto de desmitificar el rol mágico/religioso de la tradición de nuestros pueblos y focalizarlo en un concepto de servicio al cliente.
El eslabonamiento adecuado entre los diferentes niveles de la red de servicios, claridad en los objetivos y políticas, viabilidad del modelo y sostenibilidad del mismo, son partes de una adecuada gestión y articulación del sistema. Deben estar claros en su control, la cultura debe incluir el concepto de medición sustantiva para poder evaluar el impacto de las acciones.
Todos los sistemas de salud de nuestra Latinoamérica han llegado a un híbrido público/privado que es particular a la concepción política y realidades sociales e históricas de nuestros pueblos. La supervivencia de la adecuada prestación de servicios estriba en una adecuada armonización de lo que es la colaboración público/privada y la métrica adecuada de los resultados obtenidos a efecto de promover una sinergia de esfuerzos y maximización de los resultados en los usuarios de los servicios. Debe existir un acuerdo en cuanto a la adecuada supervisión no sólo de los programas conjuntos, sino de la atención en general a la población, sin dejar islas en la provisión de los servicios.