Reportaje

MR. DOCTOR

Miles de latinoamericanos, especialmente de México, Centroamérica y el Caribe, viajan a Estados Unidos a atenderse por enfermedades complejas. La clave es tener un buen seguro internacional.

Jennifer P. Roig en Miami

El dinero no puede comprar salud. Pero sí puede comprar una calidad superior de cuidado médico. Es el argumento para explicar los miles de millones de dólares que mueve la industria del turismo médico cada año.
En mayo pasado la cadena Bloomberg informó que 1,2 millón de estadounidenses gastan US$ 55.000 millones anuales al viajar a otros países para someterse a procedimientos médicos. Mientras ellos se van, su país se ubica tercero entre los principales destinos receptores de turismo médico a nivel mundial, luego de Tailandia y México, según datos publicados por HealthLeaders Media y Bloomberg.
Tailandia es reconocida por epicentro mundial de operaciones de cambio de sexo, en tanto México atrae a miles de estadounidenses que llegan por atención dental o tratamientos de pérdida de peso. Pero cuando se trata de medicina de alto calibre, diagnósticos complicados u operaciones riesgosas, Estados Unidos ha sido y es el destino que eligen miles de pacientes extranjeros. Sólo en 2012 fueron 800.000 los que entraron al país por razones de salud.
Un ejemplo de esos nombres icónicos cuando se trata de Medicina en mayúsculas dentro de EE.UU. es el de Johns Hopkins Medicine International (JHI), fundado hace 15 años como parte del sistema de salud de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, de alto prestigio además por sus estudios de medicina.
“Durante el último año atendimos a unos 5.000 pacientes internacionales, y vimos que el volumen de los que vinieron de América Latina y el Caribe creció 21%”, dice Burak Malatyali, COO en JHI.

Sanar en Miami

En marzo de 1998 a la venezolana Luzmarina Chávez le diagnosticaron un tumor cerebral. Su neurocirujano le recomendó someterse a un procedimiento llamado Gamma Knife Radiosurgery, un tipo de terapia de radiación usado específicamente en tumores u otras anomalías en el cerebro. El procedimiento se aplica una única vez, y tiene un efecto mínimo en los tejidos sanos. El problema de Luzmarina era que el procedimiento en 1998 aún no se realizaba en Venezuela. La única alternativa era viajar a Estados Unidos.
“Con todo, hoy aún saldría más barata esa operación allá que aquí en Venezuela”, observa Luzmarina, que eligió el HealthSouth de Miami para tratarse.
Miami se ha convertido en la capital latinoamericana de Norteamérica. El número de latinos asentados en la ciudad y su área de influencia aumentan cada año, al margen de una creciente población flotante igualmente de origen latinoamericano que también aumenta. Profesionales o inversionistas que, sin quedarse a residir, viajan constantemente a esa ciudad, adquieren propiedades y emprenden negocios.
Esta tendencia hace de Miami un punto neurálgico dentro de Florida en cuanto al flujo de turismo médico desde países de América Latina hacia EE.UU. Ahí el UHealth International –parte del sistema de salud de la Universidad de Miami– recibe gran cantidad de pacientes extranjeros.
Emilio Núñez, director ejecutivo del Instituto Internacional de Medicina en la Miller School of Medicine de esa universidad, dice que miles de pacientes latinoamericanos llegan todos los años, en su gran mayoría de lugares que no distan más allá de cuatro horas de vuelo. “Las nacionalidades más comunes son los venezolanos, ecuatorianos, dominicanos, guatemaltecos y hondureños”, afirma. “En menor medida, mexicanos, panameños o costarricenses, que suelen dirigirse más a instituciones en Texas”. De Brasil y otros países de Sudamérica llegan muy pocos, agrega, “porque allá disponen ahora de un desarrollo tecnológico relevante”.
Muchos centros médicos ofrecen atención especializada y tecnología de punta. El conjunto de hospitales Baptist o el complejo de seis hospitales pertenecientes al Jackson –probablemente el más importante de los sistemas públicos de salud sin fines de lucro en Miami y el resto del estado– atienden a miles de pacientes extranjeros. El Baptist, por ejemplo, registra anualmente unos 11.000 pacientes provenientes de 85 países, la mayoría de ellos de América Latina. Por su parte, el Jackson recibe US$ 78,3 millones anuales por concepto de pagos internacionales.
El grupo de las clínicas Cleveland es un ejemplo del potencial de crecimiento que muestra el turismo médico en Florida. Situado en Weston, ciudad al norte de Miami, el Global Health Center de la clínica ha duplicado el número de pacientes en el plazo de tres años. “Cuando comenzamos con el programa Nueva Iniciativa teníamos 3.000 pacientes; a las alturas de diciembre de 2013 ya atendíamos a 6.000, a quienes se prestaron más de 23.000 servicios”, indica su vicepresidente, Antonio J. Briceño.
El principal flujo de pacientes extranjeros, según Briceño, procede del Caribe anglófono y de República Dominicana, seguido por países de América Central como Guatemala, Honduras, El Salvador y Panamá. En América del Sur las nacionalidades más representadas son la venezolana, seguida por Ecuador, Colombia y Perú.
Ante estos números el gobierno local está buscando crear incentivos y mecanismos de apoyo para la industria. Según HealthLeaders Media, dentro del senado y la casa de representantes estatal, con el apoyo de ambos partidos, se discute inyectar unos US$ 5 millones en promoción internacional.

Quién paga

Cuando se piensa en turismo médico, mucho más si el destino es Estados Unidos, vienen a la mente nombres de celebridades con bolsillos lo suficientemente profundos como para permitirse pagar cuentas gruesas. Personalidades como el escritor colombiano y premio Nobel Gabriel García Márquez, quien a fines de los 90 fue diagnosticado con linfoma y acudió a tratarse al Centro Médico de UCLA en Los Ángeles, California.
Tiene sentido pensar así, cuando un reemplazo de rodilla puede costar US$ 34.000, un bypass gástrico serían US$ 18.000 y una cirugía de fusión espinal ronda los US$ 41.000.
Sin embargo, en casos como el de la venezolana Luzmarina Chávez, no queda otra opción que trasladarse fuera del país para recibir la atención médica adecuada. Fuentes de UCLA coinciden con sus colegas de Miami y el Johns Hopkins en que muchos pacientes de América Latina “son casos muy complejos para los cuales no hay disponibilidad de tratamiento en sus países”, advierte Malatyali, de JHI.
Ejemplos de esto son algunos tratamientos oftalmológicos avanzados como el que ofrece Bascom Palmer Eye Institute de la Universidad de Miami, o tratamientos oncológicos como el del Sylvester Comprehensive Cancer Center, del mismo plantel. “También brindamos servicios para padecimientos cardiovasculares, neurocirugía, ortopedia, trasplantes y traumas, tanto para adultos como para pacientes pediátricos”, comenta Núñez, de la Miller School of Medicine.
La variedad de especialidades por las que llegan los pacientes extranjeros a un centro médico como el JHI es muy amplia e “incluye, pero no se limita, a enfermedades relacionadas con el cáncer, cirugías para cabeza y cuello, corazón abierto y sistema vascular, cuestiones neurológicas, cirugías ortopédicas, trasplantes y urología”, dice Malatyali
Quizás el elemento más diferenciador entre las clínicas de servicio internacional y las que reciben pacientes locales sea el sistema de pago. Por lo general, los extranjeros llegan cubiertos por seguros médicos internacionales o adquieren un seguro privado que se ofrece en el estado donde se van a atender. Y ese seguro debe estar acreditado o aliado con la clínica u hospital. En algunos casos, los pacientes tienen los medios suficientes para pagar en efectivo.
“Cuando mi esposo tuvo que ingresar de emergencia en el Memorial Hospital Miramar con un dolor agudo en el estómago, la cuenta originalmente nos llegó por US$ 24.600”, recuerda la cubano-italiana Daris Cesaroni. “Pero cuando negociamos pagar en efectivo nos redujeron la cuenta a US$ 8.600”. En la ocasión, ella y su marido estaban visitando familiares en Estados Unidos, de manera que el tratamiento hospitalario estadounidense no fue opción sino emergencia.
Las formas de pagos también reflejan de alguna manera las tendencias demográficas en el sur de Florida. “Hace algún tiempo se veía más a pacientes que pagaban vía transacciones bancarias en efectivo”, dice Briceño, del Global Health Center. “Ahora un mayor número de latinoamericanos llega con cobertura de seguros internacionales o locales”.
Se dice que el servicio lo es todo, y en esta industria eso es particularmente cierto. En JHI, por ejemplo, el equipo está entrenado para adaptarse a las creencias religiosas y preferencias lingüísticas y culturales de los pacientes internacionales. Todo por un cuidado personalizado. n