Sector alimentos: El nuevo granero del mundo

La enorme demanda global por alimentos es el motor de la agroindustria en Argentina y Brasil, impulsando consolidaciones en el sector, pero también debates políticos sobre el uso de suelos.

Alimentos

La caña de azúcar suma importancia y se ha vuelto clave para la electricidad.

"Cada vez que los chinos bajan medio punto la tasa de pobreza hay un salto en la demanda de alimentos”. La frase de la economista Victoria Giarrizzo, directora del centro de estudios argentino CERX, muestra claramente quién sostiene la demanda mundial por la soja, maíz, trigo y aceites.

El enorme apetito chino y de otros grandes mercados emergentes por una mayor y mejor alimentación ha favorecido a países como Brasil y Argentina, que, en conjunto, dominan la oferta de tres de esos cuatro productos. Además, Brasil es potencia azucarera y de etanol de caña.

Superados los problemas de sequía en Argentina y de las inundaciones en Brasil, 2010 viene con cosechas récord e insumos baratos para la industria de alimentos procesados. Además, el crecimiento de la industria agroalimentaria regional también se ve apuntalado por una fuerte demanda interna en Argentina y especialmente Brasil. En México, la industria está menos eufórica, ya que su principal comprador, Estados Unidos, aún no logra sacudirse de la crisis y la demanda interna mexicana recién  ahora da señales de salir de la recesión.

Con su cosecha de soja prácticamente terminada, Argentina va en camino de lograr un récord de 55 millones de toneladas de ese grano, cinco millones más que las estimaciones del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA, por sus siglas en inglés). Esta cosecha argentina fue un 76% más grande que la del año anterior, afirma Marcela Salleras, una analista que cubre el sector agropecuario. La cosecha brasileña, en tanto, estaría en unos 65 millones de toneladas.

La gran demanda por ciertos productos alimentarios llevó a un alza en los costos de las tierras productivas.  Según la Compañía Argentina de Tierras, en junio de este año el costo de una hectárea llegó a US$ 12.000 en la zona maicera, US$ 5.000 en la zona triguera y US$ 6.500 en la región de invernada (campos para engorde de ganado). Se trata de aumentos del 17,6%, 11,1% y 18,1%, respectivamente, sobre el mismo mes de 2009. Parte de la explicación se encuentra, según Mariano Lamothe, economista de la consultora argentina en agronegocios Abeceb, en que “la eficiencia productiva argentina es superior a la del resto del mundo y por eso seguirá siendo competitiva”.

En Brasil, por su parte, el explosivo crecimiento de la caña de azúcar, que se ha vuelto un ingrediente clave en la producción de combustibles alternativos y uno incipiente en la generación eléctrica, ha generado  varios problemas. La zonificación de la caña de azúcar (ZAE-Cana) que intenta imponer el gobierno ha llevado a que en la Cámara de Diputados se alcen voces que piden una comisión especial para debatir su impacto. La medida prohíbe la ampliación de los cultivos en gran parte del país, dejando fuera de ella las regiones de la Amazonia, Pantanal y el Alto Rio Paraguai. Sólo en Mato Grosso están afectados 115 de los 141 municipios y es allí donde existe más resistencia.

La União da Indústria da Cana-de-Açúcar (Unica) se muestra a favor del zoneamiento. “De hecho, en São Paulo tenemos criterios más estrictos, pero hay municipios que tienen caña hace 30 años y no existe razón técnica para la prohibición”, dice Antonio de Padua Rodrigues, director técnico de la asociación. Las autoridades buscan impedir que, en años de auge, como lo fueron 2006 y 2007, haya una expansión desmesurada que agudice la crisis en años malos, como lo fueron 2008 y 2009.

Como todos los commodities, el azúcar y el etanol de caña poseen riesgos de bruscas alzas y bajas. Después de tocar un precio máximo en casi 30 años de 30,1 centavos la libra el 1 de febrero pasado, los precios del endulzante se derrumbaron ante la perspectiva de que en la próxima zafra de 2010/11 Brasil rompa un récord, llegando a 33,5 millones de toneladas.

Dada esta situación, Unica asegura que de las 20 plantas promedio anuales de fabricación de etanol entre 2005 y 2009, se pasará a sólo 10 este año y a cinco en 2011. Y algunos ya se están posicionando. En abril pasado, Petrobras compró el 46% del cuarto grupo productor de etanol, Açúcar Guarani, en US$ 920 millones. Cifra que palidece frente a los  US$ 12.000 que costará su fusión con Cosan, la mayor productora global de azúcar de caña y etanol.

El Sindicato Rural de Ibitinga y Tabatinga muestra que el 51 % de los agricultores de naranjas de São Paulo confían en sostener la demanda y por eso están migrando hacia la caña, por medio del arrendamiento de parte de sus tierras, debido a la pérdida del 20% del valor del fruto en la última década.

El complejo agroindustrial caña-azúcar-etanol mantendrá su dinamismo por medio de nuevos cambios, dice Miguel Santiago Campos, de MSC Bionegocios. “En Brasil ya están haciendo biodiésel de caña y podría ser mucho más competitivo que el etanol”, afirma. Además está el uso de biomasa para la generación eléctrica que hoy provee 3% de la electricidad del país y que podría llegar a 14% en 2020. Padua Rodrigues recuerda, sin embargo, que esto no es automático. “Apenas 100 de las 400 unidades que procesan caña están haciéndolo y sólo unas 50 están produciendo y vendiendo energía”. La clave será, augura, cambios en las regulaciones “para tener precios que justifiquen la inversión necesaria”.

Los mercados de productos terminados también están boyantes en Brasil y Argentina. Y un ejemplo es la puja de Camil, Quero Alimentos y Cargill para quedarse con Brasfrigo (propiedad de BMG), compañía que maneja 230 productos alimenticios (entre ellos, las marcas Jurema, Jussara y Tomatino) y factura US$  166 millones al año.

Donde la situación es distinta es en México. Si bien el país exportó US$  15.876 millones en productos del agro y agroindustriales en 2009, la perspectiva no es auspiciosa para 2010 debido a la lenta recuperación de EE.UU. y a una débil demanda local. Por otra parte, los mexicanos importan cada vez más alimentos. Entre 2005 y 2008 la importación de carne vacuna aumentó 440 %, la de aves 280 %, la de cerdo 210 % y la de maíz 85%. Esto podría abrir un nuevo debate político sobre la sustitución de importaciones alimentarias.

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