Sector electricidad: Electrificando la región

La reactivación de la demanda eléctrica le permite a América Latina diversificar su base energética y apostar por una mayor eficiencia. Las inversiones ya comenzaron a fluir.

Electricidad

Brasil, Perú, Chile y Colombia han logrado atraer inversión privada al sector energético.

Tras dos años de crisis económica y sequías en varios países, la demanda eléctrica en América Latina está repuntando con fuerza, impulsando al sector a reactivar proyectos pospuestos o iniciar nuevos planes de generación. El desafío de la región no sólo es aumentar la capacidad instalada y mejorar la infraestructura de transmisión y distribución, sino incorporar nuevas tecnologías y elevar la participación de energías renovables.
La demanda de electricidad en la región, incluyendo el Caribe, llegará a cerca de de 1.250.000 GWh en 2012, un salto de 23% frente a 2008, según datos de la Organización  Latinoamericana de Energía (Olade), con sede en Quito. La Olade calcula que la capacidad instalada de generación eléctrica alcanzará los 321.000 MW en dos años más, un incremento de 15% frente a 2008. Según la organización, 50% de la capacidad en América Latina corresponderá a centrales hidroeléctricas y el otro 50%, a termoeléctricas y otras tecnologías de generación.

Este escenario obligará a los países de la región a invertir fuertemente en el sector energético. Según cálculos de Philippe Benoit, gerente del sector energía para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, en las próximas dos décadas la región debería invertir alrededor de US$ 20.000 millones por año en infraestructura de electricidad.

“Las políticas puestas en práctica en Brasil, Perú, Chile y Colombia han sido exitosas en su búsqueda de atraer inversión privada al sector energético, lo cual sin duda reduce la presión que existe sobre el sector público en materia de inversiones”, dice Benoit. “Es ineludible atraer nuevas inversiones al sector tanto para la generación, transmisión y distribución”, agrega. Además, los países de la región deberían intensificar políticas energéticas que contrarresten la dependencia ante el petróleo y la volatilidad de los precios del crudo. “Algunas naciones, principalmente en el Caribe y Centroamérica, mantienen una fuerte dependencia hacia el hidrocarburo para la generación de electricidad, por lo tanto, son más vulnerables”, dice Benoit. 

Por eso, asegura el experto del Banco Mundial, no basta simplemente con aumentar las inversiones. El sector también tiene que tomar acciones más agresivas en cuanto a conservación y eficiencia energética para reducir la presión sobre las inversiones. Y además redoblar su apuesta por las energías renovables y otras formas de energía con bajo uso de carbono, como el gas natural. Para José Rafael Zanoni, economista de la Universidad de los Andes, de Colombia, es clave que la región se imponga el desafío de diseñar y ejecutar nuevas formas de expansión energética. “El proceso de integración en América Latina y el Caribe debe mirar hacia las tecnologías de la próxima generación, como el hidrógeno y la nanotecnología, para hacer frente a los desafíos crecientes de proveer energía limpia, abundante, confiable y costeable a todas las personas”, dice Zanoni. De todas maneras, en el corto plazo los especialistas no prevén que el aumento de la demanda eléctrica genere presiones que puedan llevar a una escasez. “En los años donde el crecimiento económico no es fuerte, la demanda baja y esto permite que los proyectos que están ingresando en operación tengan ciertas reservas como para abastecer de buena manera a los países, que es el caso de México”, dice José Coballasi, director de calificaciones industriales de Standard & Poor’s. “Además de México, hay varios proyectos que se están desarrollando en Centroamérica y Colombia, lo que es bastante positivo”.

Pero también hay países donde el sector energético no está pasando por un buen momento. Según Coballasi, un caso particular es el de República Dominicana, donde hay que aumentar la formalidad del sector, para que cada vez  más gente pague por la electricidad que se genera. Otro caso es el de Venezuela, donde la demanda está sobrepasando la oferta, por lo que existen importantes desafíos para abastecer a las industrias y a los clientes finales. “La sequía en ese país ha sido muy fuerte, por lo que se han tenido que adoptar medidas para ahorrar energía. Es de esperar que éstas sean las adecuadas”, dice.  Al desafío de satisfacer la demanda en algunos países se suma el reto regulatorio, no sólo en Venezuela, sino en toda la región. Al menos así lo cree Benoit: “América Latina debe superar algunas barreras de carácter regulatorio que hoy día hacen más difíciles las inversiones hidroeléctricas o de otras fuentes de energía”. Algo que se ha visto en Chile, donde el mayor proyecto hidroeléctrico de la historia de ese país, como es HidroAysén (proyecto vinculado a la chilena Colbún y a Endesa Chile, propiedad de la italiana Enel), con una capacidad instalada de 2.750 MW, aún no recibe la luz verde luego de un par de años de tramitación. De todas formas, los expertos coinciden en que el aumento de la demanda y las nuevas inversiones que vive la industria energética es una oportunidad única para impulsar energías alternativas y un uso más eficiente de la electricidad. Los beneficios de ello saltan a la vista, aseguran: aumenta la productividad, reduce el riesgo de racionamiento o de aumento de costos, incrementa la eficiencia energética, mitiga la contaminación, permite conservar los recursos naturales no renovables y contribuye a reducir el gasto de los hogares.

 

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