Opinión: Brasil y el nuevo orden mundial

 

Álvaro Clarke
Javier Santiso
Profesor de Economía en ESADE Business School

Hace más de 60 años que se viene hablando de Brasil como el país del futuro. Este cliché se viene repitiendo al menos desde 1941, cuando el novelista austríaco Stefan Zweig publicó el libro Brasil: un país de futuro.

Pero durante gran parte de este tiempo el gigante sudamericano fue sólo eso: una promesa, la eterna promesa, de futuro.

Hoy, Brasil puede decir que sí está desarrollando su potencial. Junto a otros grandes países emergentes, como China e India, Brasil está cambiando el rumbo del mundo. Su peso se ha dejado sentir en los diferentes espacios internacionales, ya sea el G-20 o el FMI. Y su opinión importa, ya sea en el tema del cambio climático o el de comercio internacional.

El presidente Lula da Silva se ha convertido en una autoridad moral y hace poco fue galardonado como uno de los líderes más influyentes del mundo. El pragmatismo económico de Brasil (combinando ortodoxia monetaria y fiscal con importantes programas sociales) es un referente para muchas economías emergentes. El país ha logrado reducir la pobreza y la desigualdad endémica. La clase media brasileña se expande a un ritmo nunca antes visto y hoy representa casi 45% de la población (un crecimiento de 10 puntos porcentuales en apenas cinco años).

El país ha cosechado éxitos como albergar el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Además de potencia agrícola, Brasil se está convirtiendo en un jugador global en el mercado del petróleo, como lo corroboran los descubrimientos de yacimientos históricos en las costas de Rio. Pero sería engañoso pensar en que Brasil sólo exporta soja, petróleo o minerales. También exporta productos de alta tecnología, como lo muestra el desempeño de sus campeones nacionales en los sectores aeronáuticos, de servicios tecnológicos o de productos cosméticos.

Todas estas cosas son un indicio del vuelco masivo en los equilibrios económicos mundiales y del cual Brasil es uno de los principales actores. La crisis de 2008-2010 en los países OCDE está acelerando un proceso de transición en el cual los países emergentes están cobrando cada vez más protagonismo. El mundo se ha dado la vuelta: invertir en los mercados emergentes es hoy más atractivo y menos arriesgado que nunca. No sólo las oportunidades de crecimiento están aquí, sino que además, como lo muestra la crisis griega que azota Europa, el riesgo de invertir en países emergentes y en países OCDE se está equiparando.

El llamado país del futuro es un actor importante que redibuja el equilibrio de la economía a nivel mundial.

Este rebalanceo del mundo se está acelerando y esto nos obliga a actualizar nuestros mapas mentales. Por ejemplo, a fines de 2009 Goldman Sachs tuvo que volver a calcular todas sus proyecciones mundiales de PIB. El resultado apunta hacia una aceleración de las tendencias imaginadas por los economistas hace apenas unos años: se anticipa ahora que el PIB brasileño (en términos de dólares) podría superar al de Italia en 2020, es decir, cinco años antes de lo previsto por Goldman Sachs en 2003. En 2029, la economía brasileña podría compararse con la de Alemania (siete años antes de lo anticipado) y con la de Japón en 2034, algo que no sé ni siquiera si se contemplaba anteriormente.

Los países OCDE ya no son los únicos que llevan la batuta en el mundo. En 2009, los intercambios comerciales entre los países emergentes superaron los realizados con los países OCDE. El mayor socio comercial de Brasil, de India o de África del Sur ha dejado de ser un país OCDE para ser otro emergente: China. En 2009 la inversión extranjera directa en los países emergentes acaparó 46% del total mundial, casi a la par con la volcada hacia los países OCDE (56%).

El caso de Brasil es emblemático. En 2008, en plena crisis global, el país recibió un récord de inversiones de US$ 45.000 millones. Y no son sólo inversionistas europeos o estadounidenses los que ponen su dinero en Brasil, sino también inversionistas asiáticos y del Medio Oriente.

Aún más emblemático es que también Brasil se ha vuelto un inversionista potente en el extranjero. En la década de los 2000 hsn surgido multinacionales brasileñas cuyas capitalizaciones bursátiles son hoy en día comparables a las de sus pares de los países OCDE.

El mundo se ha dado vuelta y Brasil desempeña un papel clave. Más que nunca, Brasil es una potencia del presente que tiene mucho futuro.