Opinión: ¿Dónde están las empresas mexicanas?

 

Álvaro Clarke

Manuel J. Molano
Director General Adjunto, Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C.

En 2002 había 241 empresas mexicanas en el ránking de Las 500 Mayores Empresas de América Latina de la revista AméricaEconomía; brasileñas, sólo136. Hoy los números están casi invertidos: 226 brasileñas y 119 mexicanas.

Para entender el fenómeno, hay que observar el último lustro. Otras estrellas en ascenso en la región, como Perú y Colombia, están mordiendo la participación de mercado mexicana en muchas industrias. Entre 2005 y 2009, las ventas totales de las empresas colombianas y peruanas en el ránking aumentaron un promedio anual de 12,9% y 12,7%, respectivamente, mientras que las ventas de las empresas mexicanas crecieron a tasas de 3,4% anuales durante el período. Aun Ecuador, Chile y Argentina, con 5,1%,  8,1% y 9,9% de crecimiento anual, superaron con creces al desempeño mexicano.

La explicación es multifactorial. México ha evitado reformas fundamentales para el buen funcionamiento de la economía. Mientras Brasil cambió el régimen de gobierno de Petrobras, generando competencia entre las distintas unidades de negocios, México mantuvo el esquema monopólico y monolítico de la paraestatal Pemex. La izquierda brasileña, de manera pragmática, ha dado vuelta la regulación laboral; en México, ésta pareciera ser cada vez más opresiva. La crisis fiscal de los años 90 de los estados de Brasil forzó a ese país a equilibrar el presupuesto de las regiones. En México, todavía hay un tramo largo que recorrer hacia la estabilidad fiscal de los estados y municipios, cuya recaudación propia es baja y con una provisión de servicios públicos que deja mucho que desear. Finalmente,  Colombia hizo una reforma de seguridad social que pone a competir a proveedores privados de salud con las instituciones oficiales de seguridad social. El resultado es 95% de cobertura en salud y costos de provisión de seguridad social menores a los de México.

La capacidad de innovar y de participar en negocios intensivos en capital humano parece perder empuje en México. Si bien Querétaro ha logrado atraer inversiones en la industria aeroespacial, Puebla y Aguascalientes han hecho lo propio con la industria automotriz, y Guadalajara ha visto crecer de manera endógena un clúster de electrónica y alta tecnología estos casos parecerían ser la excepción en un país donde predominan los negocios cuyo valor agregado es más bien mediano. México tiene montos importantes de capital invertidos en servicios no comerciables, mercados donde las utilidades vienen del ejercicio del poder de mercado y no tanto de la innovación o el empuje empresarial. Las pequeñas y medianas empresas tienen tasas de mortandad muy altas y no les es fácil integrarse con las cadenas de suministro de las empresas grandes. El uso de infraestructura de transporte y telecomunicaciones es costoso, y por último, el esquema fiscal y laboral inhibe la toma de riesgos empresariales.

El desplome de la producción petrolera puede ser una bendición disfrazada para México.

Pese a lo anterior, hay buenas razones para pensar que el perfil competitivo de la economía mexicana está mejorando. La depreciación cambiaria ha mejorado la posición de costos para los exportadores mexicanos. Y la austeridad fiscal del gobierno federal durante la crisis de 2009 ha dado un mayor margen de maniobra a la economía. La acumulación de reservas externas del Banco de México ha bajado el costo de financiamiento del país de manera significativa. Durante 2010 puede percibirse una ligera mejoría en las condiciones de seguridad, la cual es aún insuficiente y quizás efímera. Ojalá no lo sea, dado que el sector turístico y de servicios es acaso la más importante ventaja de la economía mexicana.

El desplome de la producción petrolera puede ser una bendición disfrazada, ya que puede propiciar un tipo de cambio de equilibrio más favorable a las manufacturas y otras industrias y servicios intensivos en mano de obra.  En el Instituto Mexicano para la Competitividad hemos notado que cuando las remesas de migrantes y petroleras exceden US$ 3.600 millones al mes, ello pareciera tener un efecto de apreciación cambiaria.

Por último, la psicología nacional influye más de lo que se piensa. Lula ha posicionado a Brasil dado que ha logrado convencer a su país de que está destinado a grandes cosas. Mientras escribo este artículo, hay euforia en México porque la selección nacional derrotó a la de Francia en la Copa del Mundo. Quizás sea ese optimismo lo que necesita México para lograr las reformas, sacudirse el marasmo y propiciar el crecimiento que desesperadamente necesita.