Opinión: Inversionistas privados en empresas estatales

 

Álvaro Clarke

Álvaro Clarke
Ex superintendente de Valores y
Seguros de Chile.

La compañía brasileña Vale do Rio Doce tenía un valor de mercado de US$ 8.000 millones en 1997. Ese año se colocó en manos de inversionistas un 41,7% de la propiedad. Hoy, después de 12 años, tiene una capitalización de mercado de US$ 228.000 millones, está listada en la Bolsa de Valores de São Paulo (Bovespa) y en la de Nueva York, y cuenta con una amplia base de accionistas. Ha sido una de las compañías mineras de mayor crecimiento en el mundo, ha diversificado su producción en varios metales y sus operaciones son llevadas a cabo globalmente.

Ciertamente, para el ciudadano brasileño es mejor tener un 59,3% de una empresa cuyo valor es de  US$ 228.000, que un 100% de una compañía de muchísimo menor valor. El Estado continúa controlando Vale do Rio Doce, pero bajo las reglas que fijan las jurisdicciones más exigentes en materia de divulgación de información, tratamientos de conflictos de interés y transparencia. Por otro lado, el que llegara capital fresco permitió realizar importantes planes de expansión, adquirir otras compañías y consolidarse como una empresa grande y diversificada, disminuyendo el riesgo para los contribuyentes en Brasil. Sin duda, una exitosa operación que ha generado un enorme valor para Brasil, cuyo presidente, Lula, pertenece a una coalición de centro izquierda.

En 1999, Petrobras, en el ránking de las 500 Mayores Empresas de América Latina de América Economía, figuraba con un patrimonio de US$ 9.817 millones. Por su parte, Codelco tenía uno de US$ 2.781 millones. Después de una década, esas mismas cifras son de US$ 91.583 millones y US$ 5.308 millones, respectivamente. En otras palabras, Petrobras ha multiplicado su patrimonio por 10 y Codelco sólo por dos. En términos de capitalización de mercado, Petrobras pasó de US$ 16.000 millones en 1997 a US$ 285.000 millones en junio de 2010. Es decir, su valor bursátil aumentó prácticamente 18 veces. Pueden ser varios los factores que explican este desarrollo, aunque hay uno muy gravitante: una eficiente política de gestión de activos que llevó a financiar su crecimiento emitiendo acciones. Sus utilidades también se han multiplicado por 10, permitiendo al Fisco brasileño obtener  flujos de recursos más altos que los que recibía en el pasado.

Hay varias experiencias en el mundo de compañías que, siendo estatales, realizan aumentos de capital destinados a crecer y aprovechar al máximo las oportunidades de negocios. Esta fórmula ha permitido, por un lado, evitar la pérdida de control por parte del Estado, lo que es relevante para algunos actores políticos y sociales. Por otro, las compañías han podido implementar mayores proyectos de inversión, sin presionar al presupuesto público, lo que les ha permitido aumentar su ritmo de crecimiento, mejorar las condiciones de sus trabajadores, optimizar la estructura de capital y fortalecer su solvencia financiera. También el Estado ha podido recibir más dividendos, lo que ha significado una mayor capacidad de emprender proyectos sociales.

Después de una década Petrobras ha multiplicado su patrimonio por 10 y Codelco sólo por dos.

Antecedentes de este tipo nos obligan a reflexionar acerca de nuestras propias empresas públicas y cuál sería el mejor camino de creación de riqueza de largo plazo; mientras mayor sea ésta, más posibilidades existen para atender urgencias sociales. Respecto de Codelco, es necesario que en Chile se debata, sin prejuicios, si la captación de recursos en el mercado de capitales mediante la emisión de acciones inducirá la implementación de más planes de inversión y, en consecuencia, una mayor generación de valor para el país.  De esta forma, Codelco podría llegar a ser una compañía más grande, con inversiones en diversos países del mundo, generando mayores utilidades para el Fisco y mejores condiciones laborales para sus trabajadores.

También el hecho de contar con inversionistas externos facilitará el control social de compañía y contribuirá a acrecentar su transparencia.

En la actual etapa de desarrollo de Chile, todas las iniciativas públicas que marcan aumentos significativos de productividad son políticamente complejas, pero necesarias para impulsar el crecimiento. Y  marcarán los liderazgos en el futuro. El ejemplo más claro ha sido la incorporación de inversionistas privados en el desarrollo de la infraestructura de uso público en Chile: el país se logró modernizar en pocos años, produciéndose significativos aumentos en la productividad y el bienestar de las personas.

Desde este punto de vista, esperemos que los poderes del Estado pongan una impronta de largo plazo en su decisión  sobre cómo enfrentar estos temas.