Ranking 2010
Las mejores ciudades para hacer negocios
en América Latina

A escala humana

Poco a poco el tamaño de las ciudades deja de ser determinante en América Latina para ser competitivo. La mejor gestión de espacios urbanos acotados y liderazgos edilicios más claros pueden marcar la diferencia.

Para Procter & Gamble (P&G) no fue fácil decidir donde reubicarse. La gigante estadounidense de productos de consumo tenía su casa matriz latinoamericana en Caracas, pero decidió buscar un ambiente más acogedor para sus negocios internacionales. La cuestión era dónde. Como alternativas, la compañía pudo recurrir a 12 ciudades latinoamericanas donde tiene sedes, entre las que se cuentan São Paulo, Buenos Aires, y Ciudad de México capitales de los mercados más relevantes para la empresa en América Latina. Sin embargo, no optó por ningún monstruo urbano y decidió recalar en la relativamente pequeña Ciudad de Panamá en 2010.
“Ciudad de Panamá tiene una localización estratégica en el continente y facilidades en materia de infraestructura que permiten tener un fácil y rápido acceso a prácticamente todas las localidades de América Latina de manera directa”, dice Alejandra Cobb, gerenta de relaciones externas de P&G.  

A punta de fuertes incentivos fiscales y una favorable política migratoria para atraer ejecutivos extranjeros, Ciudad de Panamá logró la llegada de P&G, con su plana mayor de ejecutivos, quienes son principalmente venezolanos.

P&G no es un caso aislado. No son pocas las multinacionales extranjeras que han escogido a la pequeña capital como sede de sus headquarters regionales, como Caterpillar, Adidas, Heineken, Dell o 3M. Incluso ha atraído a una multilatina como Cemex.
Una historia que confirma la eficacia de las políticas públicas panameñas de atracción de inversiones extranjeras directas, las que representaron un 10% del PIB de Panamá durante 2009.

Según Jaime Bocanegra, ejecutivo panameño de Pricewaterhouse Coopers, la urbe se ha puesto al día en servicios tecnológicos, infraestructura y capital humano. “Ciudad de Panamá no es la misma de hace 20 años, hoy tiene lo mismo que una gran ciudad, pero con la ventaja de no tener tanto caos”.

MiamiMiami vuelve al primer lugar
El abaratamiento de sus costos, sumado a sus tradicionales atributos de conectividad y atractivo, permiten el retorno de la ciudad a la cabecera del Ranking.

En la lógica de Bocanegra, la ecuación competitiva de Ciudad de Panamá es el empate en los factores típicos de competitividad urbana, y el agregado de ser una ciudad pequeña y manejable. Capaz de crear –sin mayores conflictos– entornos urbanos propicios para los negocios, como la Ciudad del Saber, un emplazamiento para consorcios empresariales y universitarios. O la Base Howard, que es donde operan los beneficios tributarios y de emigración para las grandes empresas extranjeras. Ambos espacios, reutilizados a partir de las bases militares de Estados Unidos anteriores a la nacionalización del Canal. Ciudad de Panamá entrega también la mejor calidad de vida en la mitad norte de América Latina, y comparable a la de las ciudades más gratas de América del Sur, como Montevideo, Buenos Aires o Curitiba.

Lo de Ciudad de Panamá, que ocupa la 7ª posición en la versión 2010 del Ránking de las Ciudades Más Competitivas de América Latina,  refleja una forma emergente de competir, de chico a grande, en la que hay políticas diferenciadoras que apuntan a obtener un lugar relativamente especializado (foco en los headquarters de grandes empresas) en el “mercado” de ciudades que compiten por sumar empresas internacionales a sus economías.

Se trata de una estrategia similar a las que han emprendido ciudades medianas para sus contextos, como Copenhagen, Zürich o Chongqing.

Según la urbanista de la Universidad de Columbia, Saskia Sassen, la tendencia mundial corre hacia lo que ella llama la “diferenciación especializada”, en la que “las ciudades mejoran su competitividad al encontrar su lugar en el mercado global”, lo que implica que para mejorar la oferta urbana deje de ser necesario adquirir un porte colosal.

La emergente capacidad de las ciudades medianas para competir por la inversión internacional es justamente una de las principales conclusiones de este Ránking. De hecho, el creciente interés de las empresas globales por buscar ciudades más pequeñas y los crecientes esfuerzos de éstas por atraerlas, llevó a AméricaEconomía Intelligence a modificar la metodología y bajar la ponderación del tamaño de la economía de la ciudad para definir el Índice de Competitividad Urbana (ICUR). Con ello se pone fin a las distancias insalvables entre las más pequeñas y las más grandes de este listado.

Sin embargo, el tamaño importa. No es lo mismo abrir operaciones en Ciudad de México (4°) –una ciudad que produjo US$ 211.000 millones de PIB en 2009, según las estimaciones del equipo investigador, con un mercado potencial de casi 21 millones de personas– que en Querétaro (21°), con un poco más de un millón de habitantes y un PIB de US$ 11.819. Sin embargo, y visto de otro modo, tampoco es lo mismo vivir en una megaciudad cuyos tiempos de desplazamiento en torno a una superficie de 2.137 km2 ocupa a los defeños millones de horas hombre al día, que en hacerlo en una ciudad de un área de no más de 150 km2, por donde se desplazan los queretanos.

Así y todo, las primeras ciudades del Ránking mantienen su sitial, aunque se observan movimientos en la primera parte de la tabla. El más notorio es el regreso de Miami al primer lugar de este listado. Su atractivo como ciudad en términos de calidad de vida y entretenimiento sigue siendo indiscutible. Además de su privilegiada ubicación y conectividad (es la ciudad con mejor conexión aérea de toda América Latina, con viajes diarios a todas las grandes capitales de la región), Miami es de las ciudades que cuentan con mejores servicios corporativos en el ámbito latinoamericano. Atributos que se revalorizan en tiempos en que el costo relativo de operar en la ciudad se ha reducido fuertemente debido a la caída en el precio de los bienes raíces y el menor valor del dólar en comparación con la canasta de monedas latinoamericanas.

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