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Acero fundido

Pese a la mayor demanda de acero en la región, no todas las siderúrgicas están de fiesta. Las brasileñas han visto caer su rentabilidad y su dominio absoluto del mercado doméstico. Natalia Gómez

Acero fundido

Ha sido una rica fuente de rumores durante todo el primer semestre del año en la Bolsa de São Paulo: la gigante siderúrgica brasileña CSN ha ido comprando paquetes accionarios de su rival Usiminas hasta alcanzar un 10% del capital. Se llegó a hablar de que Benjamin Steinbruch, presidente de CSN, entraría al directorio de Usiminas, o incluso de una fusión entre ambas empresas. Wilson Brumer, presidente de esta última, lo desmintió tajantemente.

Una cosa está clara: la bonanza económica de Brasil terminó con la siesta de sus gigantes siderúrgicas. En los años de bajo crecimiento tenían el mercado cautivo y pocas razones para expandir su capacidad instalada e invertir en tecnología. Pero la apreciación del real y un enorme excedente de acero a nivel mundial terminaron por abrir el mercado.

Hasta 2009 había un acuerdo de caballeros entre los distribuidores para importar acero sólo en casos puntuales. Se rompió cuando las grandes usinas comenzaron a invertir en sus propios canales de distribución, con precios más bajos. Hasta el momento las siderúrgicas estarían ganando: entre enero y abril de 2011 las importaciones ascendieron a 545.700 toneladas, una caída de un 52,6% en relación al mismo período del año pasado, según cifras del Instituto de Distribuidores de Acero de Brasil (Inda).

Pero una cosa es recuperar mercado y otra seguir ganando dinero. El margen Ebidta de Usiminas, históricamente situado por encima del 30%, cayó a un 11% durante el primer trimestre de este año. El alza de las materias primas como el carbón y el mineral de hierro, además del aumento de los salarios, contribuyeron a comprimir la rentabilidad del sector. “Brasil ya no es un país barato para producir acero”, dice Felipe Reis, analista del Banco Santander.

Según él, las siderúrgicas brasileñas siempre trabajaron con precios muy superiores al promedio internacional. En 2009 cobraban una prima de un 40%. Los distribuidores independientes no importaban, ni había un exceso de oferta mundial como ocurre hoy. Este factor, y la apreciación del real, han reducido la prima a un 5%. “Brasil entró en el radar de otros países y la competencia arreció”, dice Rafael Weber, analista de la corredora Geração Futuro. El exceso de oferta mundial asciende, según él, a unos 600 millones de toneladas.

En el resto de América Latina la situación no es tan grave, pues nunca hubo un sobreprecio tan alto como en Brasil. Christian Reos, analista jefe de la consultora argentina Allaria Ledesma & Cía., afirma que los precios en los otros países están más cerca del promedio mundial, y presentan menos volatilidad. En México, por ejemplo, los precios están alineados con el mercado estadounidense, y la prima (apenas US$ 50 por tonelada en relación al precio doméstico) refleja básicamente los gastos de importación, según un informe de los analistas Rene Kleyweg y Marcelo Zilberberg, del banco UBS.

En Argentina los precios también siguen las tendencias globales. Existe un actor dominante, Ternium (grupo Techint, que opera también en México), y los productores internacionales carecen de una red de distribución.

China otra vez

Como en todos los mercados de commodities, el crecimiento de China ha impactado en el acero. Desde 2009 la participación asiática en la producción mundial aumentó de 38% a 65%, mientras que la de América Latina cayó de 6% a 4%.

A futuro el comportamiento del mercado regional dependerá de la situación mundial y del nivel de los excedentes de acero. Según José Othon de Almeida, socio líder de Deloitte en la industria manufacturera, la continuidad del crecimiento asiático y agravamiento de la crisis europea serán fundamentales. Según el experto, los precios domésticos del acero podrían mejorar en Brasil, pero nunca volverán a los niveles de antes.

Al contrario de Brasil, Argentina y México trabajan casi a plena capacidad.

Lo que está claro es que la demanda de acero en la región tiene para rato. Según datos de la World Steel Association, el consumo en América del Sur y Central aumentará en un 6,6% durante 2011, alcanzando 48 millones de toneladas, casi un punto porcentual por encima de la media mundial. Para 2012 el pronóstico también es positivo: un 8,3%.

Más de la mitad de la demanda (unos 27,8 millones de toneladas) se concentra en Brasil, donde el crecimiento ascenderá a un 6,4%, según cifras del Instituto del Acero de Brasil. Lo explican el crecimiento de la industria local, la inversión en infraestructura para el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos, y la mayor producción de equipos para el sector petrolero. La producción ascenderá a un récord de 39,4 millones de toneladas, casi un 20% más que en 2010.

“Brasil está tan recalentado en los sectores de construcción e infraestructura que habrá mayor demanda para las usinas locales, aun con importaciones”, dice Ronaldo Valiño, socio especializado en minería de PricewaterhouseCoopers Brasil. El sector tiene capacidad para producir unos 47,4 millones de toneladas y podría alcanzar 55 millones en 2015 gracias a los programas de inversión en curso.

En otros mercados importantes, como México y Argentina, el consumo está volviendo a los niveles de antes de la crisis, como informa Ternium en su último balance (primer trimestre de este año): el sector automotor, la industria y agroindustria están impulsando la demanda. Según estimaciones de UBS, la construcción, el sector automotor y de equipos debieran crecer entre un 9% y un 10% durante el próximo quinquenio. En el sector mexicano de la construcción, que consume la mayor parte del acero producido localmente, se espera un crecimiento de un 5% durante el mismo lapso.

Al contrario de Brasil, los demás países están operando cerca de la plena capacidad. El informe de UBS sobre Ternium señala que México es un importador neto de acero, mientras que en Argentina el saldo es prácticamente cero.

En este contexto los brasileños necesitan ordenar la casa, y una forma de hacerlo ha sido integrar la cadena de suministro. A comienzos de año CSN elevó su participación en la minera australiana Riversdale, controlada por el consorcio indio Tata, y anunció planes para invertir unos US$ 1.500 millones en operaciones mineras. “Los precios del mineral aumentaron mucho y los escenarios muestran que eso va a durar un buen tiempo”, dijo en entrevista al estado de São Paulo el presidente de Usiminas, Wilson Brumer. “La siderurgia hoy no es competitiva si no está integrada”.