Warning: file_get_contents(http://especiales.americaeconomia.com/web/botonera_ae_25.html): failed to open stream: HTTP request failed! HTTP/1.1 404 Not Found in /srv/http/rankings/2011/millonarios/entre-dios-y-el-cesar.php on line 40

Ránking de Millonarios 2011

Entre Dios y el César

¿Qué es lo que lleva a la gente a donar? Bajar los impuestos, necesidad de reconocimiento, querer cambiar al mundo o ganarse el cielo. Incluso hay quien asegura que se trata de un lujo.

“¡Vamos a donarlo todo!”, dice Carlos Slim, el hombre más rico del mundo. Este genio de los negocios, capaz de realizar operaciones aritméticas mentalmente, es un pésimo orador. Pero al hablar de filantropía, es capaz de inspirarse y soltar parrafadas que harían palidecer a Fidel Castro.

“Se requiere mayor actividad económica y empleo, que no solamente le ayude [a la persona] a salir de esa marginación e incorporarse a la modernidad, sino que lo haga con dignidad”, dice Slim, quien donó US$100 millones en 2009 para la preservación de la biodiversidad en México. ¿Mucho o poco? Ese mismo año el presupuesto de la agencia fiscal encargada del medio ambiente en México fue de US$ 3.400 millones. Sin embargo, el magnate mexicano asegura que, a diferencia de los políticos, los empresarios tienen una visión de más largo plazo y carecen de fines partidistas, electorales o clientelares.

“No se trata de acostumbrar a una persona a que su trabajo sea formarse en una fila en las secretarías de Estado para que le den sus cupones o ingresos”, afirma.

Slim es un ejemplo del paradigma moderno de la filantropía, una visión de las responsabilidades de la riqueza ante el fracaso de la teoría neoliberal del chorreo. 

 

Cuestión de legado

Doña Margarita Romero de Terreros es todo lo contrario. Una vez por semana se dirige a la ex hacienda de Zoquiapan, México. Su labor se remonta a varios años antes que ese espacio se convirtiera en un leprosario. Hoy la lepra es curable y en el hospital dermatológico Dr. Pedro López sólo quedan 22 enfermos del llamado mal de Hansen, por lo que ha cambiado su vocación a la ginecobstetricia. Sin embargo, a la ex hacienda la circunda una plaga mayor: la miseria que propalan decenas de ladrilleras. Sentada en la oficina de la parroquia que ella ayudó a construir, escucha los lamentos de quienes, movidos por el rumor de la dama benefactora, se acercan para pedirle ayuda. Lo mismo para los cuadernos de los niños, para financiar alguna de las operaciones ginecológicas que se realizan en el nosocomio, donde cada año nacen cerca de 3.000 niños. Doña Margarita los observa y, en la mayoría de los casos, extiende un cheque o les pide a las enfermas que le indiquen al doctor que ella ha aceptado pagar la operación; a los que ve muy necesitados incluso les llega a invitar algo para desayunar. Doña Margarita es descendiente de don Pedro Romero de Terreros, el hombre más rico del México colonial y el mayor filántropo del continente; fundó el Nacional Monte de Piedad (casa de empeños sin fines de lucro), cuyas ganancias se donan a cientos de instituciones benéficas desde hace más 200 años. Este sistema es al que los nuevos filántropos acusan de caduco. La llamada caridad, mayormente vinculada a la religión católica, tuvo durante siglos el casi monopolio de las donaciones. Sin embargo, aseguran sus detractores, son sólo limosnas para ganarse el cielo, pero que no solucionan los problemas de fondo.

“Si [los millonarios] pueden utilizar sus donaciones para crear una solución rentable a un problema social, atraerán mucho más capital, más rápido, y así se alcanzará un impacto mucho mayor”, dicen Matthew Bishop y Michael Green en su libro Filantrocapitalismo.

El 2010 World Wealth Report, de Merry Lynch-Capgemini, señala que durante el año pasado el número de ricos latinoamericanos, que en el estudio se denominan Individuos con Alto Poder Adquisitivo (HNWI, por sus siglas en inglés) aumentó en 8,3% y su riqueza en un 15%.

Sin embargo, de acuerdo a la encuesta Global Giving: the Culture of Philanthropy, de Barclays Wealth (la división de gestión de patrimonio de la institución británica), sólo el 25% de los HNWI de América Latina participa de actividades filantrópicas, contra un 41% de sus similares en EE.UU. y un 37% en otros países emergentes como Sudáfrica.

Rubén Ortiz, gerente de marketing de Diaego, una de las principales comercializadoras de bebidas de lujo, considera que las donaciones se incrementarán conforme aumente la riqueza. Se basa para decirlo en las teorías del mercado del lujo. “Ya no se trata de que quiero enseñarle a todo el mundo que puedo comprarme un gran carro, ni que quiero compartir con mis amigos una experiencia única como beber una botella de whisky de US$ 4.000. No, yo quiero que la gente me reconozca por el legado que dejo en mi vida”.

Según Gabriel Berger, en un artículo titulado Filantropía Individual en Argentina, escrito para un libro colectivo del Centro David Rockefeller, las donaciones cumplen tres funciones: brindan estabilidad económica frente a lo inestable del financiamiento público; permiten el acceso a servicios y bienes a sectores que no podrían pagar por ellos; y facilitan capital de riesgo para la experimentación e innovación en el campo social. Sus beneficios pueden además ser replicados por los gobiernos, tal y como sucedió con el caso de los microcréditos.

 

¿Por qué donar?

“No hay idolatría más degradante que la del dinero”, dice el filántropo y magnate del acero Andrew Carnegie en su libro El evangelio de la riqueza. Carnegie acuñó el célebre dictado según el cual un individuo debe gastar el primer tercio de su vida en educarse, el segundo tercio en hacerse todo lo rico que pueda, y el tercio final en entregar esta riqueza a causas valiosas para la sociedad. Estas líneas han generado todo un movimiento de grandes donaciones entre los hombres más ricos del planeta, como George Soros o Bill Gates, quienes habrían donado grandes sumas (la mitad de su fortuna, según ellos) para solucionar diversos problemas sociales.

Al cuestionarle a Carlos Slim, el único individuo más rico que los anteriores, si vendería sus empresas para hacer lo mismo, responde: “Hay que vender Telmex y América Móvil, vender las minas; ¡venderlo todo!” Pero luego reflexiona: “¿Qué pasaría? Que lo va a comprar un extranjero. Porque no creo que haya mexicanos que lo compren. Habría que pagar impuestos, pagar a los acreedores, darles su parte a los accionistas. Total [si lo repartimos entre todos los mexicanos] nos tocaría como a US$ 400 a cada uno”. A decir de otro millonario latinoamericano que pidió no ser nombrado, el problema de la donación de dinero es la pérdida de sentido. “Hay algo detrás de las donaciones de Bill Gates y Warren Buffet que no se cuenta: que se ahorran el 40% que va al Fisco. Los state taxes son caros y este mecanismo impide dar al gobierno el dinero que debiera darse con la sucesión”.

En general los gobiernos procuran que la filantropía sea barata a través de estímulos, exenciones y créditos fiscales. En México, por ejemplo, se puede deducir cada periodo el 7% de la utilidad fiscal, tanto de personas físicas como morales (llamadas naturales y jurídicas en algunos países). Según los investigadores chilenos Ignacio Irarrázaval y Julio Guzmán, en el caso de Argentina oscila entre el 5% y el 35% de la ganancia neta del periodo, mientras que en Chile el 50% de donación que no constituye crédito se puede imputar como gasto.

 

De hecho, en el 2010 World Wealth Report, la mayoría de los encuestados reconoce que entre sus prioridades al momento de donar se encuentra la deducción de impuestos; en un segundo lugar, la selección del proyecto y los fines a los cuales se dedicará el dinero y, en un tercer lugar, al monitoreo y evaluación del impacto producido por su donación.“Si bien esos incentivos cuentan, uno debe estar convencido de que la inversión social es importante, y que se logren los objetivos”, dice Emilio Azcárraga Jean, dueño de la cadena de telecomunicaciones Televisa. “Si hay un beneficio fiscal, qué bueno”.